La muerte es el fin de la vida, opuesto al nacimiento.
Para nosotros los cristianos significa el paso a una vida más plena a la que biológicamente tenemos, pero consideramos que esta vida no concluye, sino que se transforma.
Es una travesía a la vida eterna inaugurada por Cristo, quien ha muerto, resucitado y posee inmortalidad, y nosotros participamos de esa inmortalidad por el bautismo, es así como nos hacemos acreedores de esa experiencia: La vida plena con la presencia de Dios.
El indio está seguro que la muerte es sólo el tránsito a otra vida, el catolicismo confirmó lo que los indios ya antiguamente creían, y ahora la supervivencia del alma tomó más fuerza.
Hay un espíritu, un alma inmortal. Llegar a comprender la muerte como un proceso natural y necesario es una buena opción para no tenerle miedo.
Por consiguiente, el indio, es resignado y humilde ante la muerte, y esa humildad es fraternal y dulce, lo que se debe a su cosmovisión. El encuentro con la muerte es fácil, es como ver a un vecino. Las ceremonias de la muerte son diferentes y están articuladas con el funeral, y en este rito se canta y se reza. José María Arguedas.
Ximena Arce




